-¿Qué?
-Tenias razón. Nunca me iré de aquí.
No parecía estar hablando de broma, estaba realmente desmotivada. Se estava empezando a hundir y él la conocia demasiado como para pensar que no era capaz de hacerlo, de alcanzar todos sus objetivos.
Su pelo se movía con la leve brisa que recorría el muelle esa tarde, y acompañaba a la pequeña corriente que se habia formado y al movimiento inquietante de las zonas de trigo que les acompañavan.Las puntas le brillaban como si fueran reflejos perfectamente diseñados y colocados pero a la vez estubieran esparcidos de forma aleatoria por todo su largo cabello. El efecto era realmente embriagador y permitia ver que su cabello no era realmente castaño, ya que escondía un precioso rubio oro en su interior.
Se podia oler su delicado perfume mientras bajaba levemente la cabeza y miraba la posición de sus pies, como si buscara en ellos un pequeño consuelo para su situación. Algo que le diera una pista o una explicación de todo lo que le pasaba.
Es en esos momentos en los que él no podia reaccionar. Notaba la importancia de su presencia y se sentia en deuda con ella. Todo eso le hacia sentirse obligado a actuar con rapidez y efectividad, ya que ella solo le tenia a él y a esa mirada al vacio. Y estaba convencido de que ese vacio no iba a solucionar nada.
De repente se vió guiado por un impulso y le puso la mano en el hombro.
-Todo saldrá bien.
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